Y ahora... ¿Para dónde?
De la auto-crítica a los retos
El
proceso para realizar esta investigación, ha tenido distintos puntos clave. En primer
lugar, tuve que pensar y replantearme el “quién” y una vez que decidí estudiar
a la lectoescritura en la infancia surgieron otros procesos. Como mencioné en
la construcción del objeto de estudio, para estudiar a este grupo social
primero tenía que superar las prenociones que yo pudiera tener respecto a
ellos, sus condiciones sociales y lo que se está haciendo gubernamentalmente
para mitigar su distanciamiento con la cultura escrita. Es por ello que dediqué
un apartado previo a la discusión teórica donde construí y definí al objeto de
estudio, para sustituir las nociones del sentido común que se tienen sobre la
infancia, por una noción teórica (noción científica).
Entonces,
para llevar a cabo el trabajo de campo también he tenido que definir el grupo social
con que me interesaba relacionarme concretamente y, a partir de ello me di a la
tarea de hacer un esbozo contextual y descriptivo, acerca de las principales
organizaciones civiles que se encuentran en San Cristóbal de Las Casas. Esto me
permitió observar sus propuestas y, sobre todo, la apertura que pudieran tener
a agentes externos.
En
cuanto al motivo por el que opté por estar en una asociación civil y no en un
contexto educativo formal, fue muy claro. Considero que, si bien en la
educación pública del país existen muchas dificultades y obstáculos en cuanto a
la práctica de la lectoescritura, ésta es solo una de las muchas infancias que
se viven en México. Me preocupaba (y ahora me ocupa), saber qué está ocurriendo
con los niños que no tienen acceso a la educación formal, qué es lo que les ha
motivado a asistir a un espacio de educación alternativa y, sobre todo, cómo
poder aportar a sus realidades desde una perspectiva de acción participativa.
Una
vez que delimité las posibles asociaciones donde podría incidir, tuve que
consultar las posibilidades de apertura de las mismas, donde necesariamente
tuve que entrevistarme con las personas a cargo de evaluar las propuestas de
agentes externos. Opté por estar en Tierra Roja Cuxtitali A.C. sobre todo, por
la disponibilidad para hacer acciones en conjunto y por la afinidad en las
perspectivas acerca del método. Pero también, por ser una de las dos A.C´s
enfocadas en la infancia que han
decidido prestar sus servicios en las periferias de la ciudad.
Esta
disponibilidad y apertura a agentes externos desde esta A.C. no significa que
no tengan sus propias reglas y formas de trabajar. Por tanto, en mi ingreso a
este campo social, me incorporé con la característica de voluntaria, por lo que
mis primeros acercamientos al grupo de niños no escolarizados fueron para
acompañar el proceso de acción que la A.C. ya tenía en marcha.
Aquí
si se quisiera, se encontraría una primera contradicción o error
teórico-metodológico, en el sentido de que la “negociación” para entrar a este
campo se hizo con los coordinadores de la A.C. y no directamente con el grupo
de niños. Esto ha sido así debido a la dinámica del campo social, que como ya
se explicó previamente, obedece a un conjunto de posiciones y de relaciones
jerárquicas, mismas que posicionan a la infancia en un lugar sublevado debido a
los capitales en disputa[1].
Respecto a ello, es necesario decir que esta disponibilidad y apertura para mi
ingreso al campo fue determinada en gran parte por los capitales que yo misma
poseo, la calidad de estudiante de posgrado, de socióloga, pero sobre todo, mi
condición de tener nacionalidad mexicana.
En
este sentido, mi ingreso a este campo también me ubicó en una de estas
posiciones y relaciones jerárquicas, posición que me permitió un rango de
acción mucho más amplio respecto a la infancia, pero igualmente limitado con
respecto a otras posiciones: autonomía relativa del agente dentro del campo. La
posición que ocupo ha creado que el grupo de niños se encuentre con frecuencia
a la expectativa de mis demandas, pero en este juego donde el capital
lectoescritor está en disputa, el propósito no es la adquisición por
obediencia, sino buscar la acción colectiva y participativa de todos los
agentes, acción que pretendo infiera en las significaciones de tal capital.
Estas acciones se basan en las relaciones, que como decía, son dinámicas y se
encuentran por tanto en constante cambio.
Es por ello que nada está totalmente definido,
pero lo que hace falta subrayar es la importancia que veo en analizar los
procesos socioculturales que han tenido influencia en la práctica de la cultura
escrita desde esta infancia en específico. Considero que enfocarse únicamente
en qué es la lectoescritura sin pensar en las relaciones sociales y las
dinámicas que le acompañan condiciona una visión sesgada del problema.
En
nuestra reflexión reciente sobre la IAP hemos intentado enfatizar la importancia
de la colaboración, creyendo que algunos trabajos de la IAP en el pasado han
sido demasiado individualistas, poco conscientes de la construcción social de
la realidad, y demasiado pobremente enfocados hacia los procesos y políticas de
cambio. (Kemmis, 1990, p.170)
Además, me importa hacer énfasis en que el proyecto de lectoescritura tampoco ha surgido a
partir de las demandas explícitas del grupo de niños y niñas. Contrario a la
metodología de la IAP, este proyecto yo ya lo tenía predispuesto (por el programa de posgrado) y la
asociación civil también, en lo único en lo que el grupo tomó la iniciativa de
participar activamente ha sido en el rumbo que tomó la acción, los porqués y
los “cómos” de este taller. Con esto, no pretendo restarle importancia a la
propuesta metodológica, pero en el proceso de la investigación, es de suma
importancia hacer un ejercicio de autoanálisis y de autocrítica metodológica.
Los
niños tuvieron capacidad de acción y se involucraron en la construcción del trabajo,
decidieron en lo que estaban de acuerdo y en lo que no, expresaron lo que
necesitaban y lo que querían de la lectoescritura. Pero ellos, tuvieron la
oportunidad de involucrarse en una de las distintas propuestas en relación a la
lectoescritura, dentro de sus múltiples necesidades, se les ofertó incidir en
una. Por lo que considero que quizás de haberme acercado sin ninguna propuesta
predispuesta (como la cultura escrita), ellos pudieran haber expresado incidir
en otro aspecto de su vida.
Me
atrevo a expresar esto porque las metodologías, así como las teorías, son los
pilares que irán a definir la investigación. Esta dualidad, a mi punto de
vista, representa la mirada y la acción que quién investiga decide tomar, es por
tal motivo que aclaro estas contradicciones en mi trabajo. La IAP tiene
una historia y un proceso de lucha que surge desde los movimientos sociales y que
busca encontrar nuevas miradas académicas con los sujetos sociales. Más que una
metodología, es un posicionamiento político “desde abajo”, que se atreve a
preguntarle a las ciencias: ¿Para qué y para quién sirve? (Villasante, 1995).
La IAP no ha sido nunca un posicionamiento cómodo, no es una metodología para gustar, surge de manera contestataria ante un sistema académico que no estaba dando respuestas al pueblo... Si estamos en una Especialidad entorno a la lectoescritura, ¿Qué clase de lectura estamos haciendo respecto a la IAP? ¿Cómo llegamos a pensar que la IAP se puede lograr visitando a grupos 2 o 4 horas por semana, llevando un problema bajo el brazo y resumiendo todo a un taller? Para quién me lea, suplico no se tome este sentir a título personal, trato de expresar lo que observo en un espacio académico en general.
Porque estos
procesos, tal como el nombre lo indica, deben ser desde la participación
y no desde la intervención. Claro que hay de intervenciones a
intervenciones, unas desprecian los intereses ajenos y otras dicen tomarlas en
cuenta, pero en todo caso, quien está tomando las decisiones es “el experto” y
no los sujetos (Villasante, 1995). Por tanto reitero que el llegar con el problema
dado y tener una relación de menos de un año con los niños y las niñas, es una
gran contradicción metodológica.
Y
aunque seguiré con este trabajo, y aunque estoy convencida de que este grupo
social en algún momento generará su auto-investigación, es por respeto a este
proceso, a esta lucha y al esfuerzo de quienes están haciendo Investigación
Acción-Participativa, que personalmente no puedo aseverar que lo que he hecho
hasta este punto sea IAP, considero que como un gran logro, he podido (quizás) rozar sus pies, pero aún no llevo su
andar.
Así que si la pregunta es ¿A dónde vamos ahora? La respuesta sigue siendo:
A seguir problematizando la asimetría social, esa que se vive incluso en las ciencias sociales, en la academia, esa que se siente en la universidad, aquel lugar que algún día fue un espacio de debate, de discusión, de lucha y que hemos corrompido con nuestro silencio y aceptación de lo "políticamente correcto", para ganar la nota, para que nos mencionen con honores (horrores), sin pensamiento independiente (mucho menos crítico)... A buscar un camino más honesto con nosotros mismos y nuestro actuar, a buscar un camino más justo, reforzando la dignidad de los pueblos pero sobre todo sembrando semillas con los niños (no "en ellos")... Pintando el mundo desde abajo.
Investigación
participativa no es tomar parte del sentido común simplemente, sino partirlo
críticamente, desde dentro, desde sus propias potencialidades.
Orlando Fals
Borda
*Fotografía de Viviana Greco
[1] La
lectoescritura como capital cultural pero también los capitales sociales y
simbólicos. El capital económico, por su parte, se relaciona mucho a la
obtención del capital cultural, que puede permitirles o no el ingreso a otros
campos con una posición más alta (educación formal, campo laboral, etc.).


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